Cuando acabo un curso,
una época o una etapa
siempre pienso que estoy
totalmente preparada.
Este pensamiento me dura un instante:
lo que tardo en abrir y cerrar los ojos,
hablar con la gente, tomar unas cervezas,
llamar a mis padres...
Al final siempre hay algo que me
descoloca y me soprende.
Entonces, me doy cuenta
de lo mucho que me queda
por aprender, por vivir.
Es un estímulo nuevo,
un reto, un volver a empezar...
Es como sentir una pequeña explosión
en la cabeza y querer empezar
a conocer más...
Me embriaga una impaciencia estimulante.
Ahora mismo me encuentro en ese momento.
Cuando pensaba que lo tenía
todo para sobrevivir; un viaje de 13 horas
me devolvió a la realidad,
a la impaciencia estimulante.
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